TENSIÓN

La apuesta de US$ 4.200 millones que sacude a la FIFA

La FIFA quedó en el centro de una pulseada financiera de alto voltaje por su intento de captar US$ 4.200 millones mediante la venta de participaciones minoritarias. La oposición al plan creció con fuerza y ya se habla de una eventual retirada de la propuesta.

“El dinero se mueve primero, y las instituciones después”, suele decirse en el mundo del deporte profesional cuando las grandes ligas buscan capital fresco. Esa lógica vuelve a escena con el proyecto que impulsa Gianni Infantino, una iniciativa que pretende reordenar la estructura económica del fútbol mundial a través de una operación valuada en US$ 4.200 millones.

Según trascendió, la FIFA proyecta obtener esa suma mediante la venta de participaciones minoritarias a un grupo reducido de inversores. En el centro de la conversación aparece el empresario Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente de Estados Unidos, cuya participación simboliza el interés que despiertan los activos vinculados al fútbol global entre fondos y grupos privados.

La propuesta, sin embargo, encontró una fuerte resistencia. Anoche se conoció que el plan podría ser retirado ante la oposición que generó, un dato que exhibe la sensibilidad que suele rodear cualquier intento de abrir el capital o ceder parte del control económico en organizaciones deportivas de alcance planetario. En el caso de la FIFA, ese debate se vuelve aún más relevante porque la entidad administra uno de los negocios de mayor poder de marca e influencia internacional.

En perspectiva, la industria del fútbol ha transitado en los últimos años una acelerada financiarización: clubes, torneos y derechos comerciales se convirtieron en activos atractivos para inversores que buscan rentabilidad en audiencias globales y flujos previsibles de ingresos. Desde hace más de una década, la discusión se repite entre quienes sostienen que ese ingreso de capital moderniza estructuras y quienes advierten que puede alterar el equilibrio institucional y profundizar la lógica mercantil del deporte.

Análisis y proyecciones: si el proyecto avanzara, la FIFA podría reforzar su músculo financiero para impulsar nuevas inversiones, expansión comercial o programas estratégicos; pero también enfrentaría preguntas sobre gobernanza, transparencia y el grado de influencia que tendrían esos socios minoritarios. Si, en cambio, la iniciativa se retirara, quedaría en evidencia que la resistencia interna y política sigue siendo un límite para transformar al fútbol en una plataforma de inversión más parecida a otros negocios globales.

La evolución del tema en los últimos años muestra un cambio de tono: mientras antes predominaba una mirada más conservadora sobre la independencia institucional del fútbol, hoy la discusión está atravesada por la necesidad de capitalizar audiencias masivas, derechos audiovisuales y nuevas vías de monetización. Esa tensión entre tradición y financiamiento privado explica por qué cada movimiento de Infantino en esta dirección genera una reacción inmediata y escrutinio internacional.

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