El oficio del panadero, entre la tradición artesanal y la caída del consumo
En el marco del Día del Panadero, César Kasivrodiuk, panadero de oficio con más de 15 años de experiencia, dialogó con Radio La Red Corrientes sobre el día a día en la cuadra, las exigencias del trabajo artesanal y el impacto de la situación económica en el consumo barrial.
César trabaja actualmente en la PanaderÃÂa Don José, ubicada en la calle Armando Carmelo Romero, en el barrio San Ignacio. A diferencia de las grandes cadenas industrializadas, allàmantienen vivas las recetas tradicionales. Según César, el secreto del sabor radica justamente en el trabajo manual: "Mucho se hace con las manos directamente, se usan pocas máquinas; ese es el verdadero trabajo artesanal que a la gente le gusta", explicó.
Jornadas largas y producción constante
El trabajo en la panaderÃÂa comienza temprano y requiere de una sincronización precisa. César detalló que su jornada arranca entre las 5:00 y las 5:30 de la mañana, extendiéndose hasta pasadas las 8:00. Su tarea principal, además de preparar otras masas, se centra en los productos salados, su especialidad.
El proceso de elaboración del pan es meticuloso: "Se hace la masa, se soba, se corta y se estiba. Luego eso se deja leudar y mi amigo, que es el dueño, se encarga de hornearlo", relató. Para algunos productos, la preparación se realiza el dÃÂa anterior para permitir un leudado más prolongado, mientras que otros, de venta directa a la mañana, se amasan y se hornean en el momento para estar listos en poco más de una hora.
Un termómetro de la crisis económica
Consultado sobre las ventas, el panadero no ocultó la realidad que atraviesa el sector. A pesar de llevar más de dos años y medio trabajando en el mismo lugar, notó una drástica caÃÂda en la producción.
Para ilustrar esta baja, compartió números contundentes: "Antes hacÃÂamos unos 30 kilos de bizcocho por dÃÂa y ahora estamos entre los 15 y 20 kilos. Lo mismo pasó con el pan: antes usábamos una bolsa de 50 kilos de harina y hoy no llegamos ni a los 25 kilos diarios".
La panaderÃÂa, a menudo considerada como un punto de encuentro y charla para los vecinos, hoy refleja un clima de preocupación. "La panaderÃÂa es como la peluquerÃÂa, tenés que ser un poco psicólogo, escuchás de todo", bromeó César sobre las conversaciones con los clientes.
Los clásicos que perduran y los que se extrañan
Durante la entrevista, también hubo lugar para la nostalgia. César recordó cómo, hace 20 o 30 años, la masa se amasaba a mano y los panaderos más jóvenes debÃÂan "golpear la masa para estirarla, tirándola por la espalda, y a veces terminaba volando por toda la panaderÃÂa".
Además, se repasaron clásicos de la panaderÃÂa correntina, como las "campanelis" âÂÂhechas con masa salada de bizcocho cortada en forma de gusanitosâ y los añorados "bizcochos semidulces glaseados", esos caracterÃÂsticos cositos amarillos con azúcar y anÃÂs que, según comentaron, "ya no se ven tanto en las panaderÃÂas".














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