REVÉS EN CANCILLERÍA

Trump deja afuera a la Argentina de la cuota cárnica y expone un traspié diplomático

La decisión de Donald Trump de dejar a la Argentina fuera de una mega cuota de importación de carne sin aranceles reabre las críticas sobre el manejo diplomático del oficialismo. En el centro del episodio quedan Karina Milei, Pablo Quirno y la estrategia para posicionar las exportaciones.

Hay una máxima clásica de la política comercial que suele repetirse en Washington: cuando un país no logra sentarse a tiempo en la mesa de negociación, termina mirando desde afuera cómo se reparte el negocio. Eso es, precisamente, lo que quedó en evidencia con la decisión de Donald Trump de excluir a la Argentina del reparto de una mega cuota de importación sin aranceles de 300 mil toneladas de carne.

La medida representa un fuerte traspié para la diplomacia de Karina Milei y Pablo Quirno. La defensa del gobierno libertario es que la Argentina ya contaba con un cupo fijo de exportación de carne a Estados Unidos y que la disposición fue pensada para países que no tenían ese beneficio, como Brasil o Paraguay. Sin embargo, llama la atención que la Cancillería no haya conseguido una excepción adicional, sobre todo por el alineamiento incondicional de Javier Milei con Trump y porque las exportaciones son un asunto de interés prioritario para Karina.

La decisión dejó al descubierto, además, la centralidad que la hermana presidencial fue ganando dentro de la estructura del poder libertario. Según la reconstrucción política de los últimos meses, Karina impulsó una influencia decisiva sobre la Cancillería a partir de la sintonía que mostró Quirno en los viajes compartidos a Israel y Estados Unidos. Incluso, el todavía canciller había alimentado expectativas de ser promovido a jefe de Gabinete en reemplazo de Manuel Adorni.

Ese avance no fue repentino. Karina ya venía trabajando para tomar el control del área diplomática desde la etapa de Diana Mondino, a quien le instaló una interventora y le retiró el manejo de sectores vinculados a la promoción de exportaciones, como Marca País y la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, rebautizada PromArgentina. Al frente de esa oficina designó a Diego Sucalesca, actor y hombre de su máxima confianza política, cuyo principal antecedente público es haber compartido una obra de teatro con los hermanos Milei.

En ese marco, la principal apuesta del oficialismo para apuntalar las exportaciones fue el lanzamiento de la Semana de la Carne Argentina en Estados Unidos, una iniciativa pensada para acercar frigoríficos, funcionarios y compradores en un mercado históricamente estratégico para la Argentina. La primera edición se realizó en abril y la segunda está prevista para septiembre.

Karina, Quirno y Sucalesca presentaron la iniciativa junto a los dueños de los principales frigoríficos y el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), el organismo que Federico Sturzenegger busca desfinanciar. En términos de política sectorial, el IPCVA ha sido durante años una herramienta relevante para sostener la promoción internacional de la carne argentina y defender su presencia en mercados de alto valor agregado.

La primera Semana de la Carne incluyó una gira de Sucalesca y de los principales empresarios frigoríficos por Filadelfia, Chicago y Los Ángeles, en la primera ronda de negocios organizada por PromArgentina en el exterior. Fue una señal de ofensiva comercial en un contexto global donde la carne argentina compite con grandes exportadores y con crecientes exigencias sanitarias, logísticas y arancelarias.

Ahora, Sucalesca y los empresarios se preparan para la segunda Semana de la Carne Argentina en Estados Unidos, con viajes previstos a Miami, Atlanta y Houston. La misión se realizará en septiembre, justo después de que Trump haya dejado al país fuera de la nueva cuota de importación sin aranceles.

En perspectiva, el episodio muestra cómo la política comercial argentina ha oscilado en los últimos años entre los intentos de reposicionamiento exportador y las limitaciones de la diplomacia bilateral. Cuando un gobierno busca apoyo político en un socio central, suele esperar reciprocidad en asuntos concretos; si esa reciprocidad no aparece, la narrativa del alineamiento pierde eficacia y el costo recae sobre el área que prometía resultados rápidos.

Análisis y proyecciones: la exclusión de la Argentina de la cuota cárnica puede tener un efecto más político que inmediato en términos de volumen exportador, pero golpea la credibilidad de la estrategia oficial para convertir la cercanía ideológica con Estados Unidos en ventajas comerciales concretas. En este tipo de negociaciones, la historia demuestra que los beneficios sectoriales suelen depender menos de la afinidad personal que de la capacidad técnica para disputar cupos, habilitaciones y condiciones de acceso. Si la administración Milei no logra convertir su alineamiento con Trump en una mejora palpable para la carne argentina, podría profundizarse la percepción de que la Cancillería prioriza gestos simbólicos por encima de resultados verificables.

La evolución del tema en los últimos años también ayuda a entender el cuadro actual. Durante distintas administraciones, la carne fue uno de los productos emblema de la Argentina en el exterior, pero su desempeño quedó atado a la combinación de apertura de mercados, negociación sanitaria y política interna. En esta etapa, Karina Milei pasó de un rol estrictamente político a una influencia directa sobre áreas clave de comercio exterior, mientras la Cancillería fue reordenada para responder a su esquema de poder. Esa transformación explica por qué una decisión como la de Trump no sólo impacta en el negocio cárnico, sino también en la interna del gobierno y en la discusión sobre quién conduce realmente la política exterior.

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