En Chile, cayó 1 a 0. En la ida había sido vencido 2 a 1, pero la Conmebol le dio el duelo ganado 3 a 0 por un error administrativo de su rival. Su próximo adversario será Nacional de Montevideo.

San Lorenzo ya está en los octavos de final de la Copa Sudamericana pese a su caída 1 a 0 en Chile. Su acceso, en cualquier caso, tuvo mucho más que ver con lo que sucedió fuera del campo de juego que con lo acontecido dentro. El partido de ida mucho se había parecido a un tropiezo con consecuencias graves: en el Bajo Flores, Deportes Temuco había ganado 2-1. Pero la mala inclusión de Jonathan Requena (también ofrecido por Defensa y Justicia en su lista de esta misma competición) le facilitó el escenario al equipo de Claudio Biaggio: la Conmebol le dio por ganado el partido 3-0.

La apelación sin éxito del equipo chileno (incluso con Marcelo Salas rompiendo los teléfonos de la sede de Luque, según cuentan los medios trasandinos), facilitó la revancha para San Lorenzo.

Los tres goles de ventaja le permitieron jugar con tranquilidad al equipo argentino. De todos modos Nicolás Navarro fue la figura de un conjunto pensado para aguantar. Es más: en términos del juego, San Lorenzo no se mostró superior en ningún momento. Padeció, en definitiva.

En cuanto al juego, San Lorenzo brindó poco. No es novedad: no suele ser un deleite lo que entrega el plantel de Biaggio, más allá de ciertos resultados favorables (se recuerda: terminó tercero en la última Superliga).

Fue más valiosa su capacidad para que el partido sucediera sin costo que su creatividad. Se adaptó a la circunstancia favorable. Esperó siempre. No imaginó un horizonte más allá de la clasificación cómoda.

No hay, en consecuencia de la clasificación, demasiado lugar para el reclamo. Sin embargo, no es ajeno a ningún hincha de San Lorenzo que el equipo juega poco, que no tiene profundidad, que no le encanta a nadie, que no luce como un conjunto con capacidad de destrucción.