En comunicación con “Abierto a la Tarde” de radio La Red Corrientes 107.1, Teresita Lotero y Diego Romero dialogaron con Mailen (9) y su papá Gustavo, protagonistas de esta historia que tiene un final feliz.

” Yo veía que mi papá venia cansado de trabajar y como estamos en verano empezó a hacer mucho calor , el pasto se secaba, no crecía entonces mi papá venia y una vez me dijo que no había mas trabajo, que haga otro dibujo que no había más trabajo y ahí le dije bueno y me puse a dibujar”, contó Mailén.

“La verdad que es algo de no creer, porque cuando subimos el primer dibujito no fue tanto el movimiento que esperábamos, pero se trabajaba, pero cuando subí el segundo dibujo empezó a pegar tanto que efectivamente me llovieron los trabajos. Por lo menos para cortar pasto tengo, tenemos que viajar a Tucumán el 15 de febrero si o si. Estamos viendo con cual trabajo nos quedamos de tanto que tenemos”, comentò Gustavo.

Consultado por Diego Romero acerca de cómo sabían las niñas de la situación económica de los padres, Gustavo contó “nosotros siempre charlamos, ellos no son ajenos a los problemas que pasan acá. Teníamos un auto y lo vendí para cambiarlo y poder trabajar bien de remis, pero cuando venia entrando por la puerta me llaman y me dicen que quede sin trabajo. Al auto lo tuvimos que ir comiendo cada día, despacito, porque me echaron de la cooperativa y mi mujer también se quedó sin trabajo. Cuando abrían la heladera y no había frutas por ejemplo, no había nada, se daban cuenta de la situación. Es la fe que le inculcamos nosotros, que las cosas van a cambiar, lo que las motivó. Mailén siempre escucha nuestras charlas mientras está dibujando. La máquina para cortar pasto estaba destartalada, cuando nos la vendieron a 500 pesos , pero no teníamos ni para arreglarla”.

“Cuando la compramos estaba rota y no andaba, me salía 5000 pesos el arreglo. Cuando cobro mi esposa su último sueldo, estábamos en que hacemos: arreglamos la máquina o comemos. Ella me veía que me iba a trabajar pero no pasaba nada, pero cuando me hizo el dibujito empezó a funcionar. Siempre me despedían con una sonrisa y cuando me recibían me preguntaban por el heladito si les traía, y no le podia traer porque no ganaba nada”, recordò.

“Para cualquier persona es feo no tener trabajo, lo más feo para mi era que no le podía traer nada a mis hijas. Con la pandemia no traer nada, encima que estaban todo el tiempo encerradas con los dibujitos y la tele, fue difícil. Siempre tratamos de ayudar a otras personas. Habían dos personas que siempre venían a casa y le tratamos de ayudar como sea, no podíamos decirle ni que para nosotros no tenemos. Esas eran las cosas que nos hicieron más fuertes”, relató.